Tag: mentiras

  • Tu propio Karma

    Tu propio Karma

    Iba a vengarme. Lo confieso. Durante un tiempo, la idea de que la vida te devolviera cada herida que dejaste en mí me parecía justicia. No por maldad, sino por esa necesidad humana de equilibrar el dolor. Pero el tiempo, que siempre pone todo en su sitio, me mostró algo más poderoso que cualquier venganza.

    Entendí que tu peor castigo no soy yo. Eres tú.

    Eres tú cuando te miras al espejo y no sabes cuál de todas tus versiones es la verdadera. Eres tú cargando tus propias miserias de vínculo en vínculo, repitiendo los mismos patrones, las mismas mentiras, las mismas promesas vacías. Porque quien miente tanto, tarde o temprano, también se pierde a sí mismo.

    Dices “amor” como quien repite una palabra extranjera sin conocer su significado. Hablas de lealtad como un concepto bonito, pero ajeno. Y mientras tanto, arruinas lo que tocas, no porque el mundo esté en tu contra, sino porque no sabes construir sin destruir.

    Y lo más trágico es que señalas hacia afuera, buscando culpables, sin darte cuenta de que el origen siempre regresa al mismo punto: tú.

    Yo ya no necesito vengarme.

    Porque la vida tiene una forma precisa de equilibrar todo. No con castigos espectaculares, sino con consecuencias silenciosas. Con soledad. Con vacío. Con la imposibilidad de sostener algo verdadero.

    Ser tu propio Karma no es una amenaza.

    Es una condena.

    Y también, una elección.

    Así de simple.

  • La verdad no compite, permanece

    La verdad no compite, permanece

    Me preguntaron si iba a contar mi versión, como si la verdad fuera una carrera y no una raíz. Como si necesitara correr detrás de oídos que ya decidieron no escuchar.

    Y dije que no.

    Porque entendí que la verdad no es un espectáculo. No necesita escenario, ni testigos, ni aplausos. La verdad no se desgasta tratando de convencer a quien eligió la comodidad de su propia historia. La mentira, en cambio, necesita repetirse, adornarse, sostenerse con excusas, porque en el fondo sabe que no puede sostenerse sola.

    No me interesa ganar batallas que solo existen en la percepción de otros. No me interesa defenderme de relatos que nunca escribí. Hay una libertad silenciosa en soltar la necesidad de explicarte.

    Quien me conoce, no pregunta.
    Quien duda, no creería aunque hablara.
    Y quien necesita mentir, ya confesó sin darse cuenta.

    La verdad no grita.
    No persigue.
    No suplica.

    Permanece.

    Y el tiempo, que nunca toma partido, siempre termina poniéndola en su lugar.